Sobrevivir no es un delito y allí están todos ellos metidos en una barca huyendo de la guerra, del horror para encontrarse con grupos fascistas que les disparan al llegar a la orilla en Grecia.

Allí está tirado en la tierra el hombre que ha dado miles pasos y muere asesinado cuando llega a Europa.

Allí los niños y niñas que miran al cielo mudos, sin ya lágrimas, ni gritos, mientras sus padres desaparecen en el hueco gigante del mar.

Nunca puede ser un crimen buscar un lugar donde vivir en paz. Grecia suspende el derecho de asilo y la Unión Europea permite crímenes contra la humanidad.
El cerdo de oro crece cada día más con los millones de miserables del mundo. El cerdo se alimenta de sangre.

¿Y nosotros que hacemos? Apagamos el televisor para no sufrir con esta gente, o lo que es peor, nos tragamos como burros mansos todo lo que la caja tonta nos dice para hacer como que no pasa nada, que esto no va con nosotros. Nos quitamos el problema de forma inhumana.
Nos dan un sedante que hoy se llama Coronavirus.
Es mejor estar entretenidos mirando nuestro ombligo que asumir que este mundo se cae a pedazos por la falta de empatía, igualdad, justicia.

» Si la suerte nos deparara una isla donde sobrevivir a nuestros desvelos, podríamos descubrir un mundo que no necesitara destruir el de los demás, porque sigue existiendo en nuestro malherido planeta suficiente espacio libre para soñar».

Pasos Perdidos…el desafiante poder del espíritu humano.

Lidia Rodríguez