– ¿Lidia, por qué haces estas instalaciones tan barrocas, llenas de objetos y mil detalles que atender?

– Será porque para mí el espacio de la experiencia es una manera de viajar a otros estados imaginarios.

Hay gente, por ejemplo, que logra crear emociones con la música, en Teatro en el Aire lo intentamos con el viaje sensorial donde el cuerpo pasa por una experiencia sensitiva, viva. Oler, tocar, mirar, escuchar, saborear es parte fundamental de nuestra búsqueda. Recuperar la memoria del cuerpo es nuestra guía y para esto necesito crear una ofrenda donde los elementos de la instalación son vitales.

Generamos un escenario donde congregar a la gente. Reunirnos como se hacía hace siglos en torno al fuego para compartir risas, canciones, brindis, susurros, lágrimas. Poco a poco se va abriendo el corazón y todos, sin saber cómo, iniciamos el camino de honra a nuestra existencia, al germen de lo que somos, sentimos con fuerza nuestra valía y la del colectivo acompañando nuestros pasos.

Me interesa que el público viva una catarsis, que sienta que está vivo.

Estamos llamados a ser dichosos, y nuestras experiencias hablan de esto. Todas las instalaciones desean favorecer el juego participativo e invitar a una transformación activa.

Yo diría que Teatro en el Aire desea apostar por la Vida y el Sentir. Con las instalaciones es más fácil situar al público en ALICIA EN EL PAIS DE LAS MARAVILLAS y ser protagonista de su historia. Incitarles a que abran puertas, descubran una nueva dimensión de lo que son.

¿Cómo sacar fuera lo que está guardado?

Las instalaciones y juegos sensoriales nos ayudan a reencontrarnos con nosotros mismos. El ARTE VIVO pone aceite a la cerradura y te invita a realizar un viaje para dentro, directo al corazón.